(1883 - 1915)
Médico epidemiólogo. Su principal aporte a la ciencia mundial fue su explicación del modo de transmisión de la fiebre amarilla: la hembra de la especie de mosquito que hoy conocemos como Aedes aegypti.
Siglo XIX El período colonial tardío
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En 1800 y 1804 estuvo brevemente en Cuba el gran explorador y eminente geógrafo y geólogo alemán Alejandro de Humboldt. Recopiló información sobre el país y recorrió algunas zonas del mismo, como resultado de lo cual publicó, en 1826, en francés, su Ensayo Político sobre la Isla de Cuba (al año siguiente se editó en español). Humboldt ofrece, por primera vez, una visión sintética, pero con cierto grado de detalle y ciertamente documentada, de la sociedad y la naturaleza cubanas. Esta obra influyó notablemente sobre la intelectualidad criolla de entonces y Humboldt llegó a ser considerado, por algunos, como “el segundo descubridor de Cuba”.

Por la misma época, en 1802, llegó a Cuba el segundo obispo de La Habana (la diócesis habanera se creó en 1789), Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, más conocido, simplemente, como “el obispo Espada”. Aparte de las muy necesarias reformas que introdujo entre el clero, Espada fundó el primer cementerio habanero, impulsó las tareas de la Sociedad Económica, sobre todo en lo referente a la educación, y apoyó las reformas en la enseñanza en el Real Seminario de San Carlos y San Ambrosio que introdujeron varios de sus profesores, como José Agustín Caballero, Justo Vélez y –en especial– Félix Varela. También respaldó el obispo la labor del ya destacado médico Tomás Romay en la introducción (en 1804) de la vacuna contra la viruela en Cuba, y en las campañas de vacunación que Romay dirigió durante décadas. Romay tuvo que vencer la fuerte oposición de varios practicantes de la medicina que no confiaban en la vacunación. Espada, seguidor de la ilustración española y partidario de la constitución liberal, fue víctima de las ambiciones y envidias de otros prelados, que lo llevaron a ser acusado de hereje, masón, y varios pecados más, lo cual le produjo gran amargura en los últimos años de su vida.

Entre los profesores del Seminario (donde estudiaban muchas personas que no aspiraban a convertirse en sacerdotes) despunta con especial relieve el presbítero Félix Varela Morales (1788-1853), quien dio inicio a una tradición de pensamiento en Cuba, la cual mantuvo su influencia durante todo el siglo XIX. En la obra de Varela, especial significación tenía la enseñanza de la ciencia y, sobre todo, de la manera de pensar en términos científicos, apartándose de la lógica escolástica. Para coadyuvar a ello, Varela organizó (mediante clases de física experimental y los correspondientes textos), la enseñanza de la física moderna (que seguía los preceptos establecidos por el genial físico inglés Isaac Newton), como ariete para desplazar la educación escolástica que predominaba en la Universidad. Centenares de estudiantes asistían a sus clases sobre temas filosóficos, científicos y acerca de la constitución liberal española de 1812. Elegido diputado al parlamento español en 1821, se opuso al restablecimiento del absolutismo monárquico y, bajo pena de muerte, tuvo que exiliarse permanentemente. Varela preconizó en su destierro la posibilidad de la independencia de su patria y de la abolición de la esclavitud, y fue el primer intelectual cubano de relieve en hacerlo.

Los seguidores de Varela (entre los cuales se hallaban figuras tan distinguidas como el historiador y publicista José Antonio Saco, y el pedagogo y filósofo José de la Luz y Caballero) propugnaban la enseñanza de las ciencias, sobre todo de la física y la química, y la realización de reformas políticas y económicas, entre las cuales una de las principales era la abolición de la trata (el comercio de esclavos). Desde 1817 esto se convirtió en un compromiso del gobierno hispano con el de Inglaterra (que, a raíz de su revolución industrial, pasó de defender la trata a oponerse activamente a ella y a la esclavitud). Sin embargo, la mayor parte de los hacendados criollos, encabezados por su representante, el poderoso Intendente de Hacienda y Ejército, Claudio Martínez de Pinillos, conde de Villanueva, eran decididos partidarios de la trata y del mantenimiento de la esclavitud por tiempo indefinido. El  mencionado acuerdo con Inglaterra, pues, no se cumplía en Cuba, con la casi permanente complicidad del gobierno de la colonia. Alrededor de 1840, la corriente política reformista (no sus ideas) prácticamente desaparece, para renacer –brevemente– alrededor de 1860.

En 1817 se creó el Jardín Botánico de La Habana, teniendo como primer director al criollo José Antonio de la Ossa. Esta fue la primera institución científico-investigativa creada en Cuba, aunque realmente alcanzó auge sólo desde que en 1824 el polígrafo gallego Ramón de la Sagra (1798-1871) asumiera de hecho su dirección, bajo los auspicios del conde de Villanueva. El jardín se hallaba en los terrenos del Capitolio Nacional (sede actualmente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente). Sagra impartió extensos cursos de botánica, fundó una revista científica y coleccionó plantas y animales que luego fueron descritos, sobre todo por naturalistas franceses, en su monumental (12 grandes volúmenes) Historia Física, Política y Natural de la Isla de Cuba, profusamente ilustrada, y publicada en francés y español en París, entre 1837 y 1857. Sagra escribió las partes referentes a la geografía, la política, y la economía, así como la introducción a la sección de historia natural.

En 1823 se produjo el restablecimiento, promovido por Tomás Romay, de la enseñanza práctica de la medicina (con disecciones), interrumpida desde hacía algunos años. Ello tuvo lugar en el Real Hospital Militar de La Habana, al cual se adscribió un Museo de Anatomía, dirigido por el cirujano español Francisco Alonso Fernández, y luego por el estrecho colaborador de este, el habanero Nicolás José Gutiérrez (1800-1890). De este año data el primer intento de Gutiérrez por establecer una sociedad médica. Renovado en 1826, como propuesta de una Academia de Ciencias Médicas, sólo se materializó 35 años más tarde. En 1836-37 Gutiérrez realizó una estancia de estudios en hospitales parisinos, como resultado de la cual introdujo en Cuba el estetoscopio y varias técnicas para la realización de operaciones mayores. Su ejemplo de “viajar a París” para estudiar medicina (y también otras materias) fue seguido por muchos jóvenes cubanos en años posteriores. En 1840 fundó la primera revista médica cubana, el Repertorio Médico Habanero.

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