(1833 - 1889)
Médico y pedagogo. Miembro fundador de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, en 1861. Además fue miembro corresponsal de la Sociedad de Medicina Legal de Nueva York, Estados Unidos.
Desde 1959 El período revolucionario
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Al terminar la guerra contra la dictadura de Batista, y triunfar la Revolución (en enero de 1959), existían en Cuba algunas instituciones que podían realizar investigaciones científicas básicas o aplicadas. Entre ellas cabe citar el Observatorio Nacional, que poseía (y posee) un conjunto de edificios en la zona de Casablanca, junto al puerto habanero, y un pequeño número de estaciones de observación meteorológica en diferentes partes del país (tenía también estaciones en Caimán Grande y en Nicaragua). Los estudios del mar se hallaban centrados en la Oficina Hidrográfica. El Centro Nacional de Investigaciones Pesqueras, de efímera existencia, había sido disuelto en 1955. Aún existía el Instituto Nacional de Higiene (creado en 1943), aunque este se dedicaba —sobre todo— al control de la calidad de los alimentos y medicamentos. Muy contados laboratorios de las tres universidades oficiales (las de La Habana, Las Villas y Oriente) realizaban investigaciones. En el Ministerio de Agricultura existía una entidad denominada, desde 1950, Comisión Técnica de Geología y Minería. Las escasas investigaciones tecnológicas estaban centradas en un Instituto Cubano de Investigaciones Tecnológicas (ICIT), creado en 1955 como consecuencia de la Misión Truslow (antes mencionada) y las investigaciones médicas se realizaban, en pequeña escala y con muchas dificultades, en el Laboratorio de Medicina Tropical mencionado también con anterioridad. La Estación Experimental Agronómica de Santiago de Las Vegas —a pesar de la permanente limitación de recursos de que padecía— mostraba, sin embargo (como se indicó anteriormente), una importante relación de resultados.

Entre 1959 y 1961, las instituciones de investigación existentes recibieron el apoyo del Gobierno Revolucionario, pero no se creó virtualmente ninguna nueva. El 15 de enero de 1960, sin embargo, ya Fidel Castro aseguraba a un grupo de especialistas cubanos que la ciencia ocuparía un lugar importante dentro de los planes de transformación del país. Ante los miembros de la Sociedad Espeleológica de Cuba, reunidos en la sede de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, expresó:  “El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que más estamos sembrando; lo que más estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia, ya que una parte considerable de nuestro pueblo no tenía acceso a la cultura, ni a la ciencia, una parte mayoritaria de nuestro pueblo.”

Los cambios más importantes comenzaron a realizarse en el área de la investigación agrícola y fueron promovidos por el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), establecido en mayo de 1959. La Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas (actual Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical) se convirtió entre 1959 y 1961 —año en que oficialmente pasó a formar parte  del INRA— en el centro nacional para las investigaciones agrícolas (no cañeras y no tabacaleras). El nuevo plan de investigaciones de la Estación, aprobado en 1960, fue apoyado con una asignación casi veinte veces superior a lo que se concedía a la institución en los presupuestos anteriores.

Se requería de un enorme esfuerzo para proveer al país de los miles de científicos e ingenieros que los ambiciosos planes de desarrollo económico demandaban. La educación no podía permanecer al margen de los grandes cambios que se producían en el país. El analfabetismo era uno de los males contra los cuales se enfilaron los primeros planes. La Campaña de Alfabetización (1960-1961) redujo la proporción de analfabetos dentro de la población mayor de 10 años de 24% a  poco menos de 4 %. El programa de alfabetización fue seguido (y en algunos casos precedido) por una notable ampliación de las capacidades de la educación primaria y secundaria, que permitirían la continuación de los estudios de jóvenes y adultos alfabetizados.

Pero también era necesario introducir grandes cambios en la educación superior, en buena medida lastrada por décadas de inercia docente y escasos presupuestos. Los estudiantes de ciencias (físico-matemáticas, físico-químicas y naturales) constituían sólo 1,7% del alumnado, los de tecnología 5,8% y los relacionados con la agricultura y la industria azucarera eran sólo 1,8% del total. Los planes de estudio de estas carreras eran, por lo general, anticuados, y la enseñanza práctica-experimental era casi inexistente. En 1960, en algunas escuelas universitarias (sobre todo la de ingeniería), se dieron los primeros pasos hacia una reforma radical de los planes de estudio para que contribuyeran a la mejor preparación de los estudiantes y al desarrollo sostenido de la investigación científica en las universidades. Como consecuencia de este movimiento, se dictó el 10 de enero de 1962 la Ley de Reforma Universitaria.

En 1961, los encargados de la política educacional del país habían llegado a la conclusión de que las tres universidades nacionales no tenían suficientes profesores e instalaciones para preparar la cantidad y diversidad de científicos e ingenieros que los planes de desarrollo requerían. Se procedió, pues, a promover la concesión de becas en otros países para la realización de estudios técnicos y superiores. Varios miles de estudiantes cubanos estudiaron en centros universitarios de los países socialistas. También se obtuvieron, aunque en una proporción mucho menor, becas en países de Europa occidental.

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