(1883 - 1915)
Médico epidemiólogo. Su principal aporte a la ciencia mundial fue su explicación del modo de transmisión de la fiebre amarilla: la hembra de la especie de mosquito que hoy conocemos como Aedes aegypti.
Desde 1959 El período revolucionario
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Desde 1962 comenzó el proceso de creación de nuevas instituciones de investigación. Entre ese año y 1973 se organizaron 53 entidades de I+D (Investigación y Desarrollo) en el país, parte importante del conjunto de institutos de investigación en las ciencias exactas y naturales, médicas, tecnológicas, agrícolas y sociales que todavía existen en Cuba. Posteriormente, estas instituciones incrementaron de manera notable su personal, gracias a las primeras graduaciones de técnicos universitarios y de nivel medio ocurridas en la Revolución. También asumieron proyectos de relativa complejidad que, en lo fundamental, concluyeron en los años setenta.

Casi todas las sociedades científicas (incluida la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana) resultaron muy afectadas por la emigración de profesionales que ocurrió entre 1959 y 1962, y se concibió el proyecto de sustituirlas por institutos de investigación y agruparlas con ciertas entidades “aisladas” (como el Observatorio Nacional, por ejemplo) en una sola institución. A este proyecto respondió la fundación de la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba, el 20 de febrero de 1962, integrada por un grupo de científicos y otros intelectuales, y presidida por el geógrafo y capitán del Ejército Rebelde Antonio Núñez Jiménez (1923-1998), profesor de la Universidad Central (en Santa Clara) antes de la Revolución, quien había sido hasta hacía poco director ejecutivo del INRA.

La Comisión Nacional quedó facultada para llevar a cabo “la reorganización, incorporación y disolución de cuantas sociedades, academias y corporaciones estimare conveniente a los efectos de esta ley” (la ley 1011 de 20 de febrero de 1962) y para proponer al gobierno la incorporación a esta de entidades científicas adscritas a ministerios o universidades. También tenía la atribución de “planificar las investigaciones científicas de acuerdo con la Junta Central de Planificación”, lo cual se supone se refería a todas las investigaciones científicas del país, aunque la Comisión Nacional nunca ejerció dicha atribución. La Comisión Nacional no era considerada aún por la ley una Academia de Ciencias, pero vino a ser conocida como tal. De hecho, la entidad funcionó como un organismo de la administración central del Estado. La nueva Academia se declaró heredera de la antigua Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.

En una visita a la Academia (que había quedado instalada en el Capitolio Nacional), el 24 de abril de 1964, el comandante Ernesto “Che” Guevara consideró que la institución debía trabajar con una visión a largo plazo del desarrollo de la ciencia internacional, que le permitiera ser “la autoridad consultiva y la autoridad orientadora” más que la autoridad rectora” de la ciencia en Cuba. Por otro lado, los contactos con las academias de ciencias de los países socialistas conducían a una concepción de las investigaciones en la academia similar a la sostenida por estas entidades; aunque, en definitiva, no se centró totalmente en temas “fundamentales”, sino más bien en algo que se clasifica como “fundamental orientado”: el estudio de los recursos naturales del país.

Aunque las investigaciones sobre recursos naturales fueron la tarea central de la Academia, también se tuvieron en cuenta “necesidades técnicas” de la sociedad cubana, no contempladas por otros organismos, en ramas como: la energética (nuclear, solar, del gradiente térmico del mar, geotérmica y de las mareas); la desalinización del agua de mar; el cultivo de plantas y peces marinos, la investigación básica de las pesquerías, de las algas marinas, del plancton; el cultivo de algas y otros organismos de agua dulce; la introducción del radar y otros medios en la observación meteorológica; estudios del magnetismo terrestre y la ionosfera, así como de la propagación de ondas de radio; investigaciones sismológicas; la automatización industrial.

Para apoyar, en lo que a la información científica se refiere, todo este trabajo de investigación y desarrollo, se creo por ley, en 1963, el Instituto de Documentación e Información Científico-Técnica (IDICT), como centro gestor y rector del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica. Este instituto creó las normas y obras de referencia imprescindibles para esta actividad, publicó una revista de resúmenes de publicaciones cubanas, un boletín de traducciones y varias series divulgativas. Ya en los años ochenta se creó una red de “centros multisectoriales” de información científico-técnica en todas las provincias del país.
 

En lo que al estudio de los recursos naturales se refiere, se creó un conjunto de institutos y se formuló un ambicioso proyecto —coordinado por el Instituto de Geografía de la academia cubana—, que culminó en 1970, con la publicación (en colaboración con el Instituto de Geografía y otras instituciones de la URSS) del primer Atlas Nacional de Cuba, que se editó en gran formato, con 147 mapas, algunos de los cuales fueron verdaderas primicias por su temática. En 1978 se produjo un segundo Atlas Nacional, por el Instituto de Geodesia y Cartografía (adscrito al Ministerio de las Fuerzas Armadas) y en 1989, gracias a la colaboración entre dicho instituto y el Instituto de Geografía con otras instituciones se editó un Nuevo Atlas Nacional de Cuba, con 627 mapas y muchos otros materiales.

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