(1808 - 1889)
Inventor italiano. Considerado como uno de los pioneros de la comunicación telefónica por vía eléctrica. Vivió en La Habana entre los años de 1834 y 1850, donde realizó sus primeros experimentos telefónicos.
Desde 1959 El período revolucionario
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En pocos años, y gracias —en parte— a una fuerte inversión en equipamiento, el CNIC se transformó en el “centro de excelencia” nacional para investigaciones químicas y biológicas experimentales. En el área biológica, especial importancia adquirieron los laboratorios de genética de microorganismos y de neurofisiología, de donde emergieron importantes colectivos y centros de investigación, ya en los años ochenta. Igualmente, de la división de salud animal (directora: Rosa E. Simeón), que desempeñó un papel destacado durante las epidemias de fiebre porcina africana de 1971 (bien documentada, incluso por sus propios autores, como un caso de guerra biológica contra Cuba) y 1980, emergió más tarde un centro independiente de gran envergadura, el Centro Nacional de Salud Animal.

La colaboración entre los laboratorios de bioquímica y de genética de microorganismos del CNIC dio lugar a la formación de la primera generación de genetistas moleculares cubanos. En lo que a la química se refiere, el CNIC desarrolló los procedimientos para la obtención de policosanol (conocido como PPG), un medicamento contra el colesterol, a partir de la cera de la caña, cuya producción se convirtió en una pequeña rama industrial del país. Además, desarrolló algunos trabajos de síntesis, aunque centró su labor en el análisis químico. Para ello introdujo en Cuba las técnicas de espectrometría de masa, de resonancia magnética nuclear, de absorción atómica, de ultracentrifugación, análisis automático y muchas más.

En relación con lo anterior, el CNIC creó talleres de reparación y fabricación, y comenzó a desarrollar la construcción de instrumentos de laboratorio. Algunos de estos instrumentos constituyeron verdaderas novedades y contribuyeron a disminuir notablemente el tiempo requerido para determinados análisis. También se pasó a producir algunos equipos de uso industrial y médico.  Esta dirección de trabajo del CENIC fue el punto de partida de la creación, ya en los años ochenta, de una institución especializada en el diseño y la producción de equipos de diagnóstico clínico, el Centro de Inmunoensayo.

Del 18 al 26 de septiembre de 1980 tuvo lugar el vuelo espacial conjunto Cuba-URSS, en el cual participó el primer cosmonauta cubano y latinoamericano Arnaldo Tamayo. Este vuelo fue precedido por la preparación, en algunos casos durante años, de una serie de experimentos, que se llevaron a cabo durante el mismo, propuestos por científicos cubanos. Buena parte de los equipos para los estudios médico-fisiológicos y químico-físicos fueron incluso fabricados en Cuba. Algunos de los experimentos diseñados por  investigadores cubanos fueron absolutas primicias internacionales, como la transmisión de imágenes holográficas del crecimiento de un cristal, desde el cosmos a la Tierra, realizada en un vuelo posterior (marzo de 1981).

En el propio año 1980, comenzaron a darse algunos pasos hacia la creación de importantes instituciones de investigación biomédica, auspiciadas directamente por el presidente Fidel Castro, e incluidas dentro de un consejo de coordinación denominado Frente Biológico (1981), una de cuyas primeras tareas tuvo que ver con la obtención de interferón (un grupo de proteínas que tienen propiedades antivirales). El interferón obtenido de leucocitos comenzó a producirse ya en 1981. En 1982 se creó el Centro de Investigaciones Biológicas, donde continuó este trabajo, y se inició el de obtención de interferón por ingeniería genética, a partir de la considerable experiencia acumulada por el Departamento de Genética de Microorganismos del CNIC. El 1º de julio de 1986 se inauguró el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), donde continuaron estos y muchos otros trabajos de investigación, con importantes resultados, como –a manera de ejemplo- una vacuna recombinante contra la hepatitis B, el factor de crecimiento epidérmico (EGF), obtenido también por vía recombinante, como la estreptoquinasa (obtenida así por primera vez en el mundo), y otros muchos compuestos. El CIGB significó la mayor inversión en investigación científica realizada nunca en Cuba, y combina tanto este aspecto, como el desarrollo experimental (hasta planta piloto), la producción misma de los fármacos e, incluso, su comercialización. Fue la primera institución científica en Cuba que combinó todas estas funciones.

En la misma región donde se halla el CIGB se fue formando, desde 1991, el Polo Científico del Oeste de La Habana, que incluye, entre otras instituciones, un nuevo Instituto Finlay, el Centro de Inmunología Molecular y el nuevo Instituto de Medicina Tropical. El Instituto Finlay se dedica, sobre todo, a la obtención y producción de vacunas, destacándose la obtenida contra la meningitis meningocócica B-C, que se ha aplicado con éxito en Cuba y en muchos otros países. El Centro de Inmunología Molecular, después de muchos años de investigaciones (su colectivo se formó originalmente en 1970, en el Instituto de Oncología y Radiobiología) ha logrado un conjunto de anticuerpos monoclonales muy eficientes en la lucha contra diferentes tipos de tumores malignos (algunos de sus productos se distribuyen incluso en los Estados Unidos, a pesar del bloqueo económico-comercial de ese país contra Cuba). El Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”, heredero del creado originalmente en 1937, se refundó en 1979 con los objetivos de proteger a la población cubana de las llamadas enfermedades tropicales, colaborar con los países del Tercer Mundo en la lucha contra esas enfermedades, y contribuir al desarrollo de las ciencias médicas en general, y en particular de la Microbiología, Parasitología, Epidemiología y Medicina Tropical.

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