Artículos
 

  Firmeza y dulzura
 
 

Entrevista realizada por el periodista Paco Cruz, publicada en la revista Mujeres, no.62, 2001.

Página 1 2 3

 
 


Cuando en determinada ocasión una investigadora le manifestó que se encontraba en la disyuntiva de discutir una tesis o salir embarazada, ella le dijo: "Mi hija, lo que tú me dices no debe nunca representar una contradicción, en una etapa de la vida las mujeres podemos enfrentar la responsabilidad humana de ser madres. La maternidad nos hace más plenas".

Así piensa la mujer que ahora me recibe, Rosa Elena Simeón Negrín, ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba y del Comité Central del Partido Comunista, quien sonrisa por delante, tiende una mano cálida y me concede cuarenta y cinco minutos de su tiempo. La conversación fluye rápido y le robo diez. Insuficiente. Más que concluir el interrogatorio que llevaba preparado quedé con el deseo de seguir escuchándola. Ya camino hacia la puerta le comento sobre la nieta. Detiene la despedida, y como la más cándida de las abuelas me muestra en la computadora, la foto de quien, guiándonos por el brillo de sus ojos, constituye, sin duda, una de las mayores alegrías de su vida: su nieta Carla Rosa.

 


¿Otra Rosa en la familia?

Y Rosa Elena Simeón, hija de Juana Rosa Negrín y madre de Rosa Elena Ortiz, ríe contenta.

El laboratorio: un mundo fascinante

Se me hace siempre difícil hablar de mí. Cuando no puedo evitarlo, puntualizo que en primer lugar yo soy un producto de la obra educacional de la Revolución.

Hija de tabaquero y farmaceútica, Rosa Elena confiesa que quizás con un esfuerzo adicional de los padres hubiera podido estudiar medicina, pero jamás llegaría a ser científica. Para lograrlo tuvo que transitar un largo camino y variar algunos sueños.

Terminé medicina en el curso 66-67 y me pidieron que fuera para el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC). Allí me dediqué al estudio de los virus. Después de realizar varios postgrados en Francia, encaminé mis pasos hacia las investigaciones sobre el cáncer. Fue entonces que apareció en Cuba la Fiebre Porcina Africana y como no había virólogos especializados, comencé a transitar por los caminos de la veterinaria.

¿No la desilusionó el cambio?

Sucedió un fenómeno de lo más interesante, cuando me dijeron que debía ir para el CNIC, me dije: Si es lo que hace falta, yo voy. Aunque en realidad, lo que prefería era la relación médicopaciente. Pero en el laboratorio aprendí a descubrir la extraordinaria maravilla de la investigación científica, es decir, buscar cosas nuevas y encontrarles explicaciones a los fenómenos. Si tuviera que volver a empezar, no lo dudo, recorrería el mismo camino.

 

Arriba

Página 1 2 3

 
 
   
Ciencia, Innovación y Desarrollo. Revista de Información Científica y Tecnológica Volumen 9, No. 2, 2004
 
   
   
Copyright© CITMATEL® 2019. Todos los derechos reservados. Realizado por: División Web CITMATEL.