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La labor constante, dedicada y abnegada de Rosa Elena ha sido vital para el fortalecimiento de los conceptos de sostenibilidad y de la conciencia ambiental de los cubanos.
La obra de Rosa Elena está indisolublemente ligada al desarrollo del Sistema de Medio Ambiente en Cuba, en cuya concepción, desarrollo y maduración jugó un papel capital.
Rosa Elena fue designada presidenta de la Academia de Ciencias de Cuba a principios de 1985 y a la vez presidenta de la Comisión Nacional para la Protección del Medio Ambiente y el Uso Racional de los Recursos Naturales (COMARNA), adscrita a partir de 1990 al Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. |
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De este modo, asumió un liderazgo que se prolongaría casi por dos décadas, justo en el momento en que la temática ambiental comenzaba a ocupar un espacio en la agenda política de los gobiernos y las organizaciones internacionales. Fue, por tanto, testigo de excepción del momento histórico del auge del ambientalismo en su visión moderna, que lo inserta en el desarrollo y supo trasladar lo mejor de estos procesos al quehacer cubano.
En sus primeros tiempos y desde la Academia de Ciencias de Cuba, Rosa Elena enfocó las acciones prioritarias en el reordenamiento del área de Ciencia y Técnica, y como parte de la restructuración de la Academia, también le prestó creciente atención a los temas de medio ambiente y al fortalecimiento de la COMARNA, a la que destinó más personal y nuevos locales.
Se debe recordar que en la segunda mitad de los años 80 se presentó a la Asamblea General de la Naciones Unidas el Informe Brundtland, en el que se precisó con claridad la necesidad de un desarrollo sostenible.
Rosa Elena siempre recordaba que la Misión Cubana en Nueva York, particularmente, el entonces Embajador Ricardo Alarcón, llamaba su atención sobre este proceso, y se refería a la decisión de la Asamblea General de Naciones Unidas, en 1989, donde se acordó convocar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, a la postre conocida como Cumbre de Río y en la que en su parte preambular se apuntaban las interrelaciones entre medio ambiente y desarrollo.
Esta decisión señalaba, además, que inde-pendientemente de la Cumbre era imprescindible cambiar los patrones de producción y consumo del Primer Mundo y resolver el problema de la deuda externa de los países en desarrollo para poder disponer de recursos para el desarrollo sostenible. |
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