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Añoro mis años de investigadora _confiesa la Dra. Rosa Elena Simeón Negrín, en esta conversación inusual, sostenida en el espacioso y sobrio despacho del ministerio que preside, ubicado en el Capitolio Nacional.
Cercanos, en dos acuarios artísticamente ubicados que le dan un toque distinto y personal al salón de trabajo, nadan los goldfishes, los peleadores y los escalares, testigos mudos de una entrevista, que va dibujando las facetas inéditas de una mujer que ha dedicado la mayor parte de su vida a las ciencias.
La investigación no sólo me gustaba, sino que la disfrutaba. Casi todos los días la añoro, para qué decirte otra cosa. Pero como te digo eso, te digo que desde esta actividad también hago investigación. Eso es lo que me compensa. Aplico los principios de la investigación al trabajo de dirección. No me es posible rehuirla porque la investigación es en sí un método.
¿Quién iba a decirle a Rosa Elena, recién graduada de Medicina, que sus pasos se encaminarían por los senderos de la investigación, cuando finalizando la década del 60, ingresa al Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), ante la necesidad del país de formar investigadores?
Fui al CNIC a hacer investigación sobre virus oncogénicos, pero en el desarrollo del trabajo de virología, surge una epidemia en los sementales de Rosafé Signet que me vincula a investigar esos animales. En realidad, no era un virus, sino una clamidia. |
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Vestida de verde, como una investigadora más, con carácter fuerte pero afable, aglutina y dirige un grupo multidis-ciplinario de médicos, veterinarios, físicos y químicos, que enfrentan disímiles epidemias en una época signada por las agresiones imperialistas contra Cuba.
Después de hacer un posgrado en Francia, se enfrenta, como jefa del departamento de virología y más tarde de la dirección de microbiología, a la fiebre porcina africana, una epidemia que causa grandes estragos en la masa porcina del país.
Al comenzar la epidemia me incorporo a los grupos que venían desarrollando la parte de investigación. El grupo del Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (CENSA) surge dentro del propio CNIC, donde yo había hecho estudios sobre virus que atacan a los animales y al arroz. En realidad, cuando uno empieza a trabajar con virus, se da cuenta de que se comportan igual, tanto en humanos, como en plantas y animales, lo único diferente es el modelo de laboratorio que empleas.
¿Cuántas horas significó para Rosa Elena esa lucha contra los enemigos silenciosos de la salud animal?
Mira, cuando uno ama lo que hace, no es nada extraordinario dedicar horas y horas a la investigación. Porque, además, el trabajo en sí lo exige. Una experiencia comienza y tú tienes que estudiar el ciclo del virus en 48 ó 72 horas, y seguir su implicación en las células. No te puedes ir del laboratorio. No es que no duermas, puedes descansar un poco en el sofá, pero tienes que seguir el ciclo, es algo normal en la vida del investigador.
Esos años fueron muy intensos. La epidemia más conocida fue la fiebre porcina africana, pero simultáneamente hubo otra en aves por Villa Clara, que costó casi la vida de cien mil animales. Salíamos de una epidemia y entrábamos en otra. |
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