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  Testimonios de quienes la conocieron
 
 

Opiniones, sentimientos, testimonios de familiares y compañeros que estuvieron muy cerca de ella en distintos momentos de su vida.
Por Mariana Saker Labrada, directora de la revista Ciencia, Innovación y Desarrollo.

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Varias son las personas que quisieran reflejar su testimonio sobre Rosa Elena, pero el espacio conspira contra esa posibilidad. Decidí, entonces, escoger a algunas de las que estuvieron largo tiempo junto a ella: su hija, su médico, compañeros de estudio o de trabajo. Las cualidades y virtudes de esta excelente mujer son expresadas mediante criterios, opiniones y anécdotas salidas desde el corazón de quienes las contaron.

"Siempre me inculcó sus mismas convicciones..."

Mi madre tuvo una gran preocupación por las tareas de la casa, a pesar de que dedicó mucho tiempo al trabajo y a la Revolución. La casa y su familia nunca las dejó a un lado, pues estuvo entre sus prioridades la atención a nosotros, siempre decía que todos los miembros de la familia debían tener buena comunicación y que debíamos estar muy unidos.

Desde niña, recuerdo que mi madre hacía lo imposible por estar conmigo y que durmiéramos en nuestro hogar. En ocasiones _que era casi siempre_ ella terminaba muy tarde, y si mi padre no me había podido recoger en casa de mi abuela, que era la que me cuidaba, a la hora que terminara me iba a buscar, para que durmiera con ella, aunque eso conllevara, tiempo que me tenía que dedicar, y al otro día prepararme para la escuela, eso para ella no tenía importancia, aunque se complicara un poquito más. Era feliz de tenerme a su lado, aspecto éste que siempre tuve en cuenta para percatarme, que aunque su trabajo para ella era muy importante, yo no estaba en un segundo plano.

Supe que varias veces coincidieron viajes de trabajo de mi padre y ella al exterior y ajustaban el programa para no viajar los dos a la vez y alguno estar conmigo, es decir, nunca entregó mi educación a una tercera persona. Siempre se alternaron entre ambos. Cuando le otorgaron un viaje de estímulo a la antigua Unión Soviética con mi papá los dos renunciaron porque no consideraron prudente que me quedara sin la presencia de uno de ellos.

 


No es menos cierto que mi abuela me dedicó mucho tiempo, pero la presencia de ella como madre fue constante en mi educación; no dejo de reconocer que en muchos momentos importantes no pudo estar presente porque debía cumplir con otras obligaciones que le impedían estar conmigo, pero siempre tuve a mi papá al lado mío, y luego ella dedicaba largas horas a que le contara cómo había sido, me preguntaba cómo me había ido, cúal había sido el mejor momento de ese día, lo que más me había gustado o impresionado y además, me decía que no había podido estar conmigo, porque estaba cumpliendo otra tarea.

Recuerdo muchas veces, cuando era niña, que mi mamá me decía: "mami no pudo estar contigo, pues estaba curando a una vaquita que se llama Ubre Blanca que le da mucha leche a los niños", y como yo conocía de Ubre Blanca me daba mucha alegría. Me inculcó sus mismas convicciones para que no fuera a ver que su largo e intenso trabajo y las tareas de la Revolución le quitaban tiempo para dedicármelo a mí.

 

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Ciencia, Innovación y Desarrollo. Revista de Información Científica y Tecnológica Volumen 9, No. 2, 2004
 
   
   
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